De la advertencia al miedo: Trump y la sombra de la intervención en México
Funcionarios mexicanos admiten en privado su inquietud ante la posibilidad de una acción militar de EU. El precedente venezolano y el discurso de Trump reconfiguran la relación bilateral y elevan el riesgo político y económico.
Washington. – La noticia cayó como un golpe seco. En México, altos funcionarios comenzaron a temer lo impensable: un ataque encabezado por Estados Unidos. Así lo reveló el *New York Times*, tras el reciente bombardeo estadounidense en Venezuela. Desde entonces, las advertencias de Donald Trump dejaron de sonar como bravatas y empezaron a leerse como planes posibles. El silencio ya no daba refugio.
Durante meses, en el gobierno mexicano se observó con inquietud cómo Trump hablaba de “ayudar” a desmantelar a los cárteles. Soldados sobre el terreno. Ataques selectivos. Muchos pensaron que era solo ruido político. Palabras duras para consumo interno. Pero Venezuela cambió el cálculo. Lo que antes parecía exageración ahora tenía precedentes.
El temor no es solo militar. Es económico. Un ataque unilateral podría provocar un daño profundo y duradero a México, el mayor socio comercial de Estados Unidos. Los funcionarios confiaban en que los lazos económicos y la cooperación en seguridad serían un escudo suficiente. Esa certeza se rompió. Como vidrio bajo presión.
Desde que Trump volvió a la Casa Blanca y endureció su discurso, la presidenta Claudia Sheinbaum ha mostrado calma en público. Ha defendido la soberanía y hablado de cooperación. Pero en privado, el margen es estrecho. Tras la captura de Nicolás Maduro, su equipo debatió cada palabra, consciente de que Washington observaba con atención cada gesto y cada silencio.
Horas después del ataque en Venezuela, Sheinbaum citó en X la carta de la ONU: los países deben abstenerse de usar la fuerza contra la soberanía de otros. La respuesta fue inmediata. La Casa Blanca difundió un video de Trump diciendo que Sheinbaum era “una buena mujer”, pero que los cárteles dirigían México. El mensaje fue claro. Y obligó a recalibrar el tono, con cautela extrema.
En el gabinete mexicano hay desacuerdos. Todos coinciden en rechazar la intervención en Venezuela y cualquier eco de ella en México, conforme al derecho internacional y la vieja doctrina de no intervención. Pero decirlo sin provocar represalias es ahora un acto de equilibrio. El miedo no se grita. Se mide. Y, por ahora, se escribe entre líneas.