Mil millones prometidos, dos mil despedidos: GM sacude Ramos Arizpe

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Mientras General Motors anuncia una inversión histórica en México, cerca de dos mil trabajadores son despedidos en su planta de Ramos Arizpe. El contraste exhibe la tensión entre el discurso corporativo y la realidad laboral.

Ramos Arizpe, Coahuila, amaneció con el ruido seco de las decisiones tomadas lejos. En oficinas limpias, a cientos de kilómetros, alguien apretó un botón. Aquí, en cambio, las cosas ocurrieron a pie, en fila, con el rostro serio y la palabra “despedido” colgada como un letrero invisible sobre los hombros de casi dos mil trabajadores de General Motors. No hubo dramatismo. Sólo hechos. Y los hechos, cuando llegan, no piden permiso.

La paradoja fue inmediata. Apenas días antes, la empresa había anunciado una inversión de mil millones de dólares para México, destinada a fortalecer su músculo manufacturero durante 2026 y 2027. Un mensaje optimista, alineado —según dijeron— con los esfuerzos del gobierno mexicano por apuntalar el mercado interno. Paco Garza, presidente y director general de GM en el país, habló de compromiso de largo plazo. Palabras firmes. Palabras correctas. Pero las palabras no pagan hipotecas.

Mientras los comunicados celebraban cifras —198 mil 153 unidades vendidas, segundo lugar nacional, 12.2 por ciento del mercado—, en la planta de Ramos Arizpe el ambiente era otro. Cientos de trabajadores fueron citados desde temprano al área de recursos humanos. No hubo sirenas ni consignas. Hubo expedientes, calendarios y cálculos. La indemnización, dijeron, sería conforme a la Ley Federal del Trabajo. Todo en regla. Todo legal. Todo frío.

La CTM en Coahuila reaccionó con el tono que exige el momento. Tereso Medina Ramírez, su secretario general, confirmó que los despidos alcanzaron tanto a personal sindicalizado como a de confianza. Exigió el acompañamiento de la Secretaría del Trabajo para garantizar que cada peso, cada plazo y cada firma se respeten. Porque cuando el capital se mueve, lo único que queda al trabajador es la ley.

Medina habló también de esperanza. De un eventual relanzamiento de la planta, impulsado por la inversión anunciada. Dijo que habrá que esperar. Siempre hay que esperar. Mientras tanto, el sindicato promete respaldo, acompañamiento y una bolsa de trabajo para recolocar a quienes hoy quedaron fuera. Aclaró algo esencial: los despidos no responden a fallas de productividad. Son factores externos. Decisiones de mercado. La frase habitual que lo explica todo y no explica nada.

Así, Ramos Arizpe queda suspendida entre dos tiempos. El de las promesas futuras y el de las urgencias inmediatas. Entre el discurso global y la realidad local. Entre el millón de dólares anunciado y el salario que deja de llegar. En ese espacio incómodo —donde se cruzan la industria, la política y la vida diaria— se escribe, una vez más, la historia silenciosa del trabajo en México.