Petróleo a Cuba y T-MEC en Riesgo: México Evalúa el Costo de Desafiar a Estados Unidos

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En la antesala de una renegociación clave del T-MEC, el gobierno mexicano analiza si mantiene el envío de crudo a Cuba, una decisión que eleva el costo geopolítico frente a Washington y pone presión sobre una relación comercial indispensable.

Por: Jorge Arturo Estrada | Aunque no lo admita, México revisa si debe seguir enviando petróleo a Cuba. La discusión no es ideológica. Es económica. Y ocurre cuando el país se prepara para enfrentar una renegociación clave: el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el acuerdo comercial más importante para la economía mexicana.

Finalmente, funcionarios del gobierno mexicano analizan los costos. Temen represalias de Estados Unidos. No hay decisión tomada. Todas las opciones están sobre la mesa: “suspender los envíos, reducirlos o mantenerlos”, reportan las fuentes informativas, internacionales.

México se ha convertido en el principal proveedor de crudo, y combustibles, para Cuba. En enero, un solo buque llevó más de 86 mil barriles a La Habana. Es poco para la producción mexicana, pero es mucho para la política exterior. En Washington, eso no pasa desapercibido.

Desde el Palacio Nacional se defiende la medida. Dicen que es un acto soberano. Dicen que es solidaridad. Aunque son pactos de proyectos de poder. Pero el contexto ha cambiado. Estados Unidos endurece su postura hacia Cuba y utiliza la presión económica, con todos los países, como herramienta de negociación y castigo. Donald Trump no lo oculta. Su estrategia es clara: asfixia múltiple para forzar un cambio político en la isla.

El problema para México es el momento. El T-MEC entra en fase crítica. Para el país, el tratado es indispensable. No sólo sostiene exportaciones y empleos; explica buena parte del crecimiento industrial de las últimas tres décadas. Sin él, la economía mexicana pierde el impulso.

Trump sabe negociar desde la fuerza. Reduce el valor del acuerdo en el discurso público y eleva el costo político de defenderlo. Mientras inaugura plantas automotrices en Estados Unidos, México enfrenta cierres y despidos en su sector industrial. El mensaje es directo.

En ese tablero, Cuba aparece como una ficha incómoda. Para Washington, cualquier apoyo energético prolonga la vida de un régimen que busca debilitar. Para México, insistir en los envíos puede convertirse en un obstáculo adicional en la mesa comercial.

Desde el Palacio Nacional se insiste en que, los envíos, no afectan al pueblo mexicano. Pero la economía no se mueve sólo por productos. Se mueve por señales. Y la señal llega cuando el país necesita certidumbre, inversión y reglas claras para enfrentar una negociación desigual. Son tiempos tormentosos. Los “izquierdistas” millonarios, en el poder, ya desmantelaron al país y ahora ponen en riesgo el futuro.

El petróleo ya no es sólo un negocio. Es presión. Y en tiempos de renegociación, cada barril exportado pesa más de lo que aparenta. Las cosas vienen difíciles. Veremos.