“Que caiga quien tenga que caer”: Ecuador endurece su lucha contra la delincuencia

00ecuadoroperativos1
Adncoahuila

El gobierno ecuatoriano desplegó 75 mil elementos de seguridad en cuatro provincias clave y ejecutó ataques armados en la primera noche del toque de queda. Con respaldo logístico de Estados Unidos, Ecuador inicia una ofensiva directa contra estructuras del crimen organizado.

Quito, Ecuador. La noche cayó temprano. Las calles quedaron vacías y el ruido fue otro. En varias provincias de Ecuador, el primer toque de queda ordenado por el presidente Daniel Noboa se cumplió con armas, detenciones y advertencias.

Las fuerzas de seguridad destruyeron tres objetivos señalados como estructuras del crimen organizado. Hubo artillería. No se reportaron muertos. El ministro del Interior, John Reimberg, lo dijo sin rodeos: “Que caiga lo que tenga que caer”. La frase quedó en el aire, pesada.

El operativo movilizó a 75 mil militares y policías en Guayas, El Oro, Los Ríos y Santo Domingo de los Tsáchilas. En esas provincias, donde la violencia se volvió rutina, la orden es clara: nadie en la calle entre las 11 de la noche y las 5 de la mañana. La primera noche dejó 253 detenidos por romper la restricción y un hombre catalogado como objetivo relevante bajo custodia.

Antes del despliegue, el gobierno pidió a la población quedarse en casa. No por prudencia. Por supervivencia. “No queremos víctimas colaterales”, advirtió Reimberg. En las calles, los vehículos blindados y los fusiles marcaron el mensaje: la guerra es contra estructuras que ya no se esconden.

El trasfondo es más profundo. Estados Unidos respalda la operación. La relación con Quito se ha estrechado desde la llegada de Noboa al poder en 2024. Hace días, el mandatario estuvo con Donald Trump y otros líderes del continente. El objetivo: una alianza regional contra el crimen.

Esa alianza ya tiene presencia física. La Oficina Federal de Investigaciones abrió una oficina en Quito. Es un símbolo y una señal. Para Washington, Ecuador es pieza clave en una ruta que empieza en Colombia y Perú y termina en puertos de Europa y Estados Unidos.

Desde 2021, el país dejó de ser solo tránsito. Se volvió campo de batalla. Asesinatos, secuestros, extorsiones. Las cifras crecieron. También los vínculos con cárteles internacionales. El Estado respondió tarde. Ahora responde con fuerza.

La primera noche fue un aviso. Lo que sigue aún no tiene forma, pero sí dirección.