Polarización, inseguridad y poder electoral: el país que llegará fracturado al 2027
La combinación de programas sociales, debilitamiento institucional y deterioro económico configura un clima social de desconfianza. Con la oposición debilitada y la presión internacional creciendo, México entra en un ciclo electoral decisivo marcado por tensiones internas y desafíos externos.
Por: Jorge Arturo Estrada García | México avanza a la deriva. Se avizoran grandes nubarrones. El Palacio Nacional se percibe paralizado ante el intervencionismo que se genera tanto en Washington como en Palenque. Adicionalmente, el interés principal del grupo gobernante, es mantenerse en el poder absoluto, y ganar las elecciones del 2027. Sabemos que el cemento que une a Morena es el amor al dinero y la necesidad de él. Así se mantiene sólido en el poder. Así se mantiene unido, aunque agrietado. Así, los votos llegan acompañados de dinero, becas y movilizaciones. De esta forma, las leyes se rompen, pero todas las instituciones han sido conquistadas. Mientras, la inseguridad se apodera del territorio nacional. Y, Donald Trump marca a México como un narco estado que se niega a ser ayudado para destruir a los criminales que agobian a los ciudadanos.
Es evidente, también, que la pobreza se mantiene, es necesaria para el morenismo. Con los programas sociales se crean clientelas electorales. Al mismo tiempo, la atención a la salud y la educación se deteriora, mientras la inseguridad impera. En lo social el retraso es impresionante. Informalidad creciente. La inversión extranjera está detenida. Eso no es relevante, el discurso oficial es electoral.
Es así como el futuro de los jóvenes es oscuro: por lo pronto impera el crimen, el reclutamiento forzado, las desapariciones y los homicidios. De igual forma, el clientelismo de las becas desmorona la movilidad social, que impulsaba la educación y el ímpetu individual por superarse. Estamos al fondo en comprensión lectora y ciencias, en la OCDE, según las pruebas PISA. Mientras, millones de “Ninis”, son felices cobrando dinero “del bienestar” y comprando teléfonos y alimentos chatarra.
El nuevo régimen fracasa con hospitales sin médicos, sin tecnología, sin citas y sin medicinas. El sistema nacional de salud es inoperante, está colgado del decrépito Instituto Mexicano del Seguro Social. Ni siquiera, han aprendido a comprar medicinas en siete años. Así, las becas que llegan a las personas de la tercera edad se gastan en medicamentos y en consultas con el Doctor Simi.
En siete años las comunicaciones del país no se modernizaron. El sistema carretero es obsoleto, insuficiente y extremadamente deteriorado e inseguro. La delincuencia se apropió de las vías de comunicación. El tránsito de insumos y mercancías para exportación del vital T-MEC esta ceñido a un cuello de botella que deteriora la competitividad. Aunque claro, los grandes empresarios aplauden al Palacio Nacional incondicionalmente, sus carteras siguen engordando al amparo de los mega contratos y canonjías gubernamentales. Son otro sector sometido, voluntariamente. Así crecieron desde hace décadas a la sombra del prianismo y sus favores.
Por su parte, las fuerzas armadas se volvieron constructores de los caprichos de los mandatarios. Lo mismo se usan como policías, como espías y como ingenieros. Ahora manejan presupuestos inmensos. López Obrador logró que surgiera corrupción entre ellos, además de ambiciones financieras. Ellos, también, ya son devotos de la Cuarta Transformación que mancha.
Adicionalmente, los aumentos salariales contrajeron las inversiones, la formalidad en los empleos y la competitividad. Además, generan una enorme escalada en los precios de los alimentos, las medicinas, los combustibles, los autos, las rentas y la vivienda. Claro, en las cifras mágicas del morenismo y sus jilgueros. Esta cifra nunca rebasa el cuatro por ciento. Las otras van en el 300 por ciento, en siete años.
En lo político, ya se logró aplastar a la oposición. Sin embargo, la mitad de los mexicanos rechaza a Morena y a su corrupción descarada y galopante. Sin embargo, a la hora de los votos, el acarreo, la compra de voluntades, los miedos a perder becas, la indiferencia, la ignorancia y la resignación construyen los triunfos morenistas. Simultáneamente, las instituciones electorales aprueban rápidamente esos triunfos. Los sistemas electorales y judiciales del país ya fueron desmantelados por el obradorismo.
México vive un clima social marcado por una polarización profunda y una confianza institucional fracturada. La Presidencia encabeza la lista de instituciones que más dividen a la opinión pública, con un alto índice de desconfianza de -46 puntos, reflejo de un país donde la aprobación y el rechazo conviven en tensión constante
Aunque, el gobierno federal mantiene respaldo en sectores populares mediante programas sociales, el 68 por ciento de los ciudadanos expresan desconfianza hacia partidos políticos senadores y cuerpos policiacos, señalando a la corrupción como causa estructural de este distanciamiento.
Así con una sociedad polarizada, con instituciones desmanteladas y poco confiables, con una sociedad fracturada y con el tejido social roto, el país se desgasta. Con la comunicación libre obstaculizada y censurada; con las redes sociales algoritmizadas y manipuladas, con gobiernos intolerantes a todos los niveles, nos encaminamos al 2027.
Ese proceso, será un momento crucial para el futuro político del país. Siempre, acechado por el intervencionismo del Factor Trump. ¿Habrá que aferrarse al clavo ardiente o solos podremos salir adelante en esta encrucijada? O, tal vez sigamos profundizando en el deterioro democrático, político, social y económico. Veremos.