Drones de cárteles mexicanos violan espacio aéreo estadounidense y Pentágono los destruye

00dronestejas
Adncoahuila

 El ingreso de drones del crimen organizado mexicano a territorio aéreo estadounidense elevó la tensión en la frontera y activó protocolos militares, marcando un nuevo capítulo en la seguridad binacional.

Washington. – La Casa Blanca confirmó lo que hasta hace unas horas parecía una versión incómoda filtrada en voz baja: drones vinculados a un cartel mexicano violaron el espacio aéreo de Estados Unidos. La respuesta no fue diplomática ni retórica. El Departamento de Guerra intervino y los destruyó. Así, sin eufemismos. En la frontera no hay casualidades. Hay mensajes. Y esta vez el mensaje cruzó el cielo.

El incidente ocurrió sobre El Paso, Texas, una ciudad que conoce de memoria la tensión fronteriza pero no estaba acostumbrada a que el conflicto criminal mexicano escalara al espacio aéreo y obligara a clasificar su espacio como “espacio aéreo de defensa”. El NOTAM emitido por la FAA fue contundente: advertencia de interceptación, detención, interrogatorios y, en caso extremo, uso de fuerza letal. No es un lenguaje administrativo; es lenguaje de Estado bajo presión.

Durante horas, el cierre temporal del espacio aéreo generó incertidumbre. Se habló incluso de restricciones del 10 al 20 de febrero. Diez días que podían convertir el aeropuerto internacional en sala de espera indefinida. Pero el gobierno federal reculó: la FAA levantó la restricción y aseguró que no existe amenaza para la aviación comercial. El incidente, dicen, está bajo control.

Sin embargo, el dato central permanece: organizaciones criminales mexicanas mostraron capacidad tecnológica suficiente para penetrar el espacio aéreo estadounidense. No es un incidente menor. Es un precedente. Y en materia de seguridad nacional, los precedentes son más peligrosos que los hechos aislados.

Lo ocurrido no es sólo un episodio técnico. Es un síntoma. La frontera ya no es únicamente una línea terrestre; ahora es un perímetro aéreo vulnerable. Y cuando el crimen organizado obliga a activar protocolos militares en territorio estadounidense, la discusión deja de ser policial y se convierte en estratégica. La pregunta ya no es si fue contenido. La pregunta es qué vendrá después.