El nuevo orden de Trump margina a México en la lucha continental contra el narco
La coalición militar impulsada por Donald Trump para combatir cárteles en América Latina excluye a México y lo coloca como epicentro del problema de seguridad regional. Mientras 17 países se alinean con Washington para enfrentar organizaciones criminales, México queda marginado y bajo presión internacional por el tráfico de fentanilo.
Por: Jorge Arturo Estrada García | México perdió el liderazgo moral y político, que durante décadas ejerció, en América Latina. El nuevo orden mundial se mueve con brusquedad y la diplomacia tradicional se desvanece. En ese reacomodo geopolítico, el gobierno mexicano comienza a ser colocado como adversario estratégico de Washington. Para Donald Trump, la prioridad es clara: proteger la frontera estadounidense y detener la epidemia de fentanilo que mata a decenas de miles de personas cada año. Y colocar a nuestro país, nuevamente, como “Piñata Electoral”
En ese contexto nace el llamado Escudo de las Américas, una alianza militar que agrupa a 17 países del continente con un objetivo explícito: desmantelar organizaciones criminales consideradas terroristas. Estados Unidos promete entrenamiento, coordinación y movilización militar para enfrentar a los cárteles. El lenguaje ya no es diplomático; es estratégico y contundente. Se habla de poder duro, de seguridad hemisférica y de destruir estructuras criminales que controlan territorios, básicamente en nuestro país.
México, sin embargo, quedó fuera de ese pacto. En la reunión celebrada en Miami participaron mandatarios de doce países latinoamericanos que respaldaron el acuerdo impulsado por Washington. Desde esa tribuna, Trump fue directo: los cárteles dominan amplias zonas del territorio mexicano y el gobierno federal ha perdido capacidad para enfrentarlos. Según su narrativa, esas organizaciones ya representan una amenaza para toda la región.
Así, se manifiesta que la exclusión mexicana implica algo más que un gesto diplomático. Significa la pérdida de influencia regional. Durante décadas, México ejerció el liderazgo político y de mediación en los conflictos latinoamericanos. Hoy, la llamada Doctrina Donroe, una reinterpretación contemporánea, de Donald Trump, de la lógica de seguridad continental, deja al país al margen de la estrategia regional y lo señala como el epicentro del problema.
De esta forma, en Washington, el discurso se endurece. Trump insiste en que los cárteles mexicanos exportan violencia, drogas y caos hacia su país. Los define como “organizaciones terroristas extranjeras” que extorsionan, ocupan territorios y amenazan la estabilidad del hemisferio. Bajo esa lógica, la coalición continental se prepara para cortar sus recursos financieros y destruir su capacidad operativa. Se les dará entrenamiento y movilización, para ese combate.
El mundo se sacude, Estados Unidos reorganiza sus alianzas y proyecta su poder militar y económico en distintos frentes internacionales. Lo impone, muchas veces. En ese escenario, México aparece como el vecino débil, observado con desconfianza. El liderazgo regional se ha desplazado y la diplomacia se vuelve insuficiente. Aparece un personaje que persiste en imponer su visión del mundo y ganar el congreso en las elecciones del 2026.