El saldo de 7 años de la 4T: México sin crecimiento, sin confianza en el futuro y con demasiadas mentiras
Siete años después, la narrativa oficial se desgasta. El país llega al 2026 con empleo débil, instituciones erosionadas y salud pública en ruinas.
Por: Jorge Arturo Estrada García. | México camina hacia el 2026 sin crecimiento económico real. La economía se estancó. No hay inversión nueva, ni producción sostenida, no habrá empleos formales suficientes. Las prestaciones se han reducido a la nostalgia del recuerdo. El desarrollo se detuvo y en la cúpula del poder se resisten a admitirlo. Las pensiones para las nuevas generaciones se volvieron espejismos inalcanzables.
La inseguridad, esa herida abierta que nunca cierra, continúa sangrando. Hay estados en donde el Ejército entra como emergencia y sale sin victoria; la Guardia Nacional patrulla, pero el control territorial permanece en manos de los grupos criminales. El gobierno presume cifras, pero las balas cuentan una historia distinta. La estrategia se repite como letanía: “vamos bien. Y mientras se repite el libreto oficial, pueblos enteros siguen arrodillados ante la violencia. Solamente, la presión de Donald Trump obliga a intervenir y lograr capturas. Y, a encontrar, laboratorios.
A pesar de siete años en el poder, el discurso gobierna más que los hechos. La culpa —aseguran— está atrás, en los gobiernos extintos, en los fantasmas del pasado. Pero el calendario no perdona. Hoy esa narrativa ya no convence. El aplauso se sostiene, solamente, por las becas que alimentan fidelidades, en 30 millones de hogares. Es un pacto silencioso: apoyo económico a cambio de soporte político. No es un proyecto de futuro; es anestesia temporal.
Las instituciones y organismos, que alguna vez equilibraron al poder presidencial, fueron destruidas sin resistencia. La ley se reescribe en cada sesión legislativa, pero la realidad las rebasa. La educación se volvió caricatura en los libros de texto gratuitos y en las Universidades del Bienestar: sedes improvisadas, maestros sin formación, programas copiados y pegados. El sistema de salud vive su tragedia: millones sin medicinas, clínicas sin citas, hospitales sin material básico.
El nuevo Poder Judicial nació entre sospechas. Su elección por voto popular fue festejada desde Palacio, aunque la participación mínima y las denuncias de fraude mancharon su origen. En lo internacional, la brújula moral se torció hacia los autoritarismos. México respalda a dictadores en Cuba, Nicaragua, Venezuela y más, alejándose del mundo democrático justo cuando debería buscar alianzas comerciales para sobrevivir y progresar.
La crisis de Pemex es el emblema del fracaso energético. Una empresa que algún día fue orgullo nacional ahora flota sostenida por el endeudamiento directo del gobierno. Los bonos degradados, el huachicol fiscal, la corrupción en los ductos, los barriles regalados al Caribe y la ineficiencia acumulada la han colocado en el peor momento de sus 87 años.
Adicionalmente, los escándalos de corrupción crecen en Morena como moho húmedo: decenas de funcionarios enriquecidos, casas lujosas, viajes, relojes de alta gama. Una vida dorada con dinero oscuro.
En 2026, llega un punto de quiebre. Trump vuelve al tablero y el T-MEC se renegociará con el pulso duro del interés estadounidense. Ya no basta la retórica ni los rollos mañaneros: la magia se agotó.
El país entra a una nueva etapa sin brújula colectiva. Cada ciudadano luchará por su destino, solo, sin un Estado que sostenga el peso de sus sueños. Si hay futuro, será construido desde abajo; desde el esfuerzo y el tesón personal, de quien aún cree que la vida puede mejorar sin el apoyo del poder. Veremos.