Entre la cooperación y la soberanía: Sheinbaum frena propuesta militar de Trump
Tras revelarse que el mandatario estadounidense ha planteado bombardear o enviar tropas contra cárteles, el gobierno mexicano insiste en que las operaciones contra el crimen corresponden únicamente a autoridades nacionales.
En política exterior las palabras pesan. Esta semana, desde Palacio Nacional, la presidenta de México dejó una frase que resume la posición de su gobierno frente a Washington: no. No a la entrada de tropas estadounidenses, no a los bombardeos contra cárteles en territorio mexicano, no a la intervención militar que ha insinuado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Claudia Sheinbaum lo dijo sin rodeos durante su conferencia matutina. En las llamadas telefónicas que ha sostenido con su homólogo estadounidense, aseguró, la respuesta ha sido siempre la misma. “Hemos dicho que no. Y orgullosamente seguimos diciendo que no”. La mandataria reiteró que la cooperación entre ambos países continúa, pero dentro de un límite que su gobierno considera infranqueable: la soberanía nacional.
Las declaraciones llegan después de que Trump recordara públicamente conversaciones privadas en las que él ha sugerido bombardear o enviar tropas estadounidenses para enfrentar a los cárteles mexicanos. El comentario surgió durante una reunión regional bautizada como “Escudo de las Américas”, donde 17 gobiernos latinoamericanos se comprometieron a colaborar con Washington en el combate al narcotráfico. México no estuvo en la lista de invitados.
Desde la presidencia mexicana la postura es otra: coordinación sí, subordinación no. El gobierno sostiene que la colaboración se mantiene en inteligencia y seguridad, pero que las operaciones contra el crimen organizado corresponden exclusivamente a las instituciones mexicanas: Fuerzas Armadas, Guardia Nacional, policías y fiscalías.
En ese intercambio áspero, México también ha colocado sus propias exigencias. La presidenta recordó que cerca del 75 por ciento de las armas que utilizan los grupos criminales proviene de Estados Unidos. Detener ese flujo —dijo— sería una ayuda real en la lucha contra la violencia. A la par, insistió en la necesidad de reducir el consumo de drogas en territorio estadounidense, un factor que alimenta el mercado que sostiene a los cárteles.
Entre Washington y Palacio Nacional se mantiene así una relación que oscila entre la cooperación obligada y la tensión política. Dos países unidos por la frontera, por la violencia y por una discusión que vuelve cada cierto tiempo: hasta dónde llega la ayuda y dónde empieza la soberanía.