La democracia mexicana es una conquista, no es un gasto: Beltrones
En Voz y Voto, Manlio Fabio Beltrones advierte que una nueva reforma electoral amenaza con revertir cinco décadas de avances democráticos construidos desde la apertura política de 1977.
Por: Wendy del Canto. La memoria de un país es frágil. Se erosiona con el ruido del presente y se borra cuando el poder decide que el pasado estorba. En su artículo *Memoria democrática*, publicado en *Voz y Voto*, Manlio Fabio Beltrones advierte que México se asoma a una reforma electoral que no nace del reclamo ciudadano ni de la presión social, sino del poder concentrado. No se discute el valor de la democracia, sino su costo. Y esa diferencia, en política, suele anunciar retrocesos.
Beltrones apela a la memoria como quien enciende una lámpara en una habitación oscura. Recuerda que la democracia mexicana no fue un regalo ni una concesión graciosa del poder, sino el resultado de décadas de lucha, negociación y resistencia. Hubo clandestinidad, persecución, mesas largas y silencios densos. Hubo ciudadanos, académicos y políticos que empujaron, cada uno desde su trinchera, la apertura de un sistema cerrado que parecía inamovible.
El texto vuelve a 1977, a una fecha que marcó un quiebre: el 6 de diciembre, cuando se promulgó una legislación que abrió las puertas a la pluralidad política. En un mundo dividido por la Guerra Fría y las sospechas de injerencia extranjera, México eligió el camino del diálogo. Surgieron las diputaciones plurinominales, se reconoció a partidos antes clandestinos y se sentaron las bases de un sistema mixto de representación. Fue un acto de audacia política en tiempos de temor.
Beltrones recuerda voces que hoy parecen lejanas. Jesús Reyes Heroles, impulsor de la reforma, hablaba de representar al país en toda su diversidad. Fernando Gutiérrez Barrios veía en la apertura una forma de cambiar la violencia por debate: más gritos en las cámaras, menos bombas en las calles. Era un Estado que lo controlaba todo, donde la Presidencia ejercía poderes que iban más allá de la Constitución, pero que, paradójicamente, comenzó a ceder espacios.
La democracia avanzó entre crisis económicas, resistencias internas y episodios autoritarios. Los sismos de 1985 y las elecciones de Chihuahua en 1986 activaron una nueva conciencia ciudadana. Llegaron el Código Federal Electoral, el Tribunal de lo Contencioso Electoral y la ampliación de la Cámara de Diputados. Desde dentro del régimen emergieron voces críticas: Cárdenas, Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez. No eran iguales, pero coincidían en algo esencial: abrir el sistema.
El punto culminante fue 1988. Elecciones competidas, conteos cuestionados, legitimidades fracturadas. De esa crisis nació el Instituto Federal Electoral en 1990. No era perfecto, pero representaba un paso decisivo hacia elecciones confiables. Por eso, el llamado de Beltrones no es nostálgico: es una advertencia. Cuando una democracia olvida cómo nació, queda a merced de quienes desean administrarla como un gasto y no defenderla como conquista.