México 2026: el poder concentrado, la economía frágil y la presión de Trump
Con Morena consolidado en lo político pero erosionado en credibilidad, y con Estados Unidos endureciendo su agenda de seguridad y comercio, México entra a 2026 en una zona de riesgo inédita. Instituciones debilitadas, deuda creciente y un escenario externo cada vez más hostil colocan al país al borde de una crisis estructural.
Por: Jorge Arturo Estrada | La situación se complica. El país se tropieza y Trump se ha empoderado. El gobierno mexicano se debilita en lo económico y en lo social; entra en crisis. Morena se consolida en lo político, pero ya tiene la etiqueta de corrupto. Andrés Manuel dicta línea desde Tabasco, reaparece cuando quiere recordar quién manda en la Cuarta Transformación.
En el continente, sus aliados de la vieja izquierda se debilitan. La mano de Trump se hace sentir. Venezuela, Colombia y Nicaragua se alinean. Los pactos y el trasiego de millones y drogas entre México y Latinoamérica se van revelando. El Departamento de Estado del vecino país y la Casa Blanca recuerdan con frecuencia las debilidades del gobierno mexicano para terminar con las organizaciones criminales.
Es así, que la realidad actual retrata al México, de 2026, como un edificio majestuoso cuyo nuevo administrador ha demolido las columnas de soporte (las instituciones) para ampliar los salones de fiesta; mientras se celebra el control total del inmueble, los cimientos crujen bajo el peso de una deuda insostenible y una tormenta externa comienza a golpear una estructura que ya no tiene fuerza para mantenerse en pie. El poder formal cambió de manos; el poder real no.
En el tablero continental, la vieja izquierda latinoamericana pierde piezas. El Departamento de Estado y la Casa Blanca repiten el mismo diagnóstico: el gobierno mexicano es incapaz —o renuente— a desmantelar a las organizaciones criminales que operan como poderes paralelos.
En lo económico, el país se encamina hacia un escenario de supervivencia. El crecimiento es marginal, la deuda pública se duplicó y la inversión se contrajo con fuerza. El mercado laboral muestra fracturas profundas: empleo formal estancado, la informalidad está desbordada y el consumo debilitado. El margen fiscal se agotó y los fondos de emergencia están vacíos. Ya no se trata de corregir el rumbo, sino de resistir el impacto.
Políticamente, el régimen se consolida como un sistema de poder concentrado. Mayorías legislativas, artificiales, permiten reformas constitucionales sin consenso. Mientras tanto, el Poder Judicial transita hacia un modelo de subordinación disfrazado de democracia participativa. La desaparición de los organismos autónomos y la reforma judicial han sembrado incertidumbre jurídica que ahuyenta inversiones y erosiona la confianza internacional. El Estado se vuelve fuerte hacia adentro y frágil hacia afuera.
El mayor riesgo llega desde el norte. La revisión del T-MEC y el diagnóstico de Washington sobre México como un narcoestado colocan al país en una posición de vulnerabilidad inédita. La presión arancelaria, la agenda de seguridad y el reordenamiento energético, con Venezuela de vuelta al mercado, amenazan con estrangular a Pemex y a las finanzas públicas. El choque de realidad es inminente. En 2026, la soberanía ya no se mide en discursos, sino en la capacidad de sostenerse de pie cuando el mundo aprieta.
De esta forma, los resultados y prospectivas para 2026 indican que un choque de realidad es inevitable. El modelo político de la «Cuarta Transformación» enfrentará su mayor prueba de sostenibilidad. La confluencia de un estancamiento económico interno y una presión externa extrema por parte de un Donald Trump decidido a combatir la narcopolítica coloca al Estado mexicano en una posición desventajosa.
Las cosas vienen difíciles. Veremos.