Ni izquierda ni derecha: Somos México y la batalla contra el autoritarismo
La nueva fuerza política rechaza etiquetas ideológicas y se define por su oposición al régimen de Morena y al legado de López Obrador.
Por: Wendy del Canto | La política mexicana vuelve a moverse en las orillas, lejos del centro del poder y de los palacios. En asambleas improvisadas, salones prestados y plazas públicas, Somos México afirma haber cumplido los requisitos que la ley exige para convertirse en partido político. No es un acto administrativo: es una escena colectiva. Cuerpos, listas, firmas. Ciudadanos que creen que todavía es posible disputar el rumbo del país desde abajo, aunque el sistema mire con sospecha.
La organización, nacida de la Marea Rosa que en 2024 acompañó la candidatura de Xóchitl Gálvez, presume haber alcanzado 256 mil afiliados y 231 asambleas distritales, más de las 200 exigidas por el INE. “No habrá manera de que el registro nos sea negado”, repiten. La frase no es jurídica; es política. No interpela a la autoridad, sino a la historia reciente de un país donde las reglas se doblan según quién las invoque.
El discurso de Somos México no se define por una ideología clásica. No se proclama de izquierda ni de derecha. Se define, más bien, por su oposición frontal al autoritarismo, a lo que llaman la destrucción de las instituciones y la pluralidad. En su narrativa aparece un enemigo difuso pero poderoso: un régimen que, aseguran, normalizó la alianza entre poder político y crimen organizado. No es una consigna nueva, pero sí una que vuelve a encontrar eco.
En medio de ese proceso, la organización se prepara para su Asamblea Nacional Constitutiva, el próximo 21 de febrero en la Ciudad de México. Delegadas y delegados ya fueron electos. Emilio Álvarez de Icaza, uno de los rostros más visibles del movimiento, habla de convicción y persistencia. La política, parece decir, todavía puede ser un acto de resistencia civil y no solo una maquinaria electoral.
Así, mientras el calendario apunta a 2027 y 2030, Somos México avanza con la cautela de quien sabe que el registro no garantiza el poder, pero sí la supervivencia. En México, los partidos nacen con actas y mueren con silencios. Este, al menos por ahora, insiste en existir. En la calle, en las listas, en la disputa por el sentido de la democracia.