México, un país que se desmorona entre populismo e incapacidades

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Al cierre del primer trimestre de 2026, México vive una paradoja inquietante: una presidenta con alta aprobación convive con una percepción de inseguridad enorme, carestía y economía paralizada. Entre tensiones internas, presiones externas y fracturas institucionales, el país avanza en una cuerda floja en donde la narrativa oficial se resquebraja frente a la realidad.

Por: Jorge Arturo Estrada García | México se ha convertido en un territorio de enormes contrastes. La presidenta, Claudia Sheinbaum, mantiene un sólido 70 por ciento de aprobación, una cifra que debería ser sinónimo de armonía. No obstante, esa legitimidad convive con un dato demoledor: el 79 por ciento, de los ciudadanos, percibe que la inseguridad es el principal problema nacional. Estamos ante la radiografía de una nación atrapada en donde el respaldo político no alcanza para ocultar la erosión del orden público. La demagogia de Cuarta Transformación perdió su magia.

Es evidente, que la sombra, de Andrés Manuel López Obrador, sigue proyectándose larga desde Palenque. Su legado, es defendido con una lealtad doctrinaria y ha moldeado un gobierno en donde  prevalece la lógica de “90 por ciento lealtad y 10 por ciento capacidad”. Es así, la operación del Estado fracasa en diversos frentes. Entonces, los diagnósticos internacionales como el de The Economist advierten sobre una “Economía Rota”, atrapada entre decisiones ideológicas y la destrucción del Estado de derecho que inhiben las inversiones extranjeras.

Para muchos analistas, internacionales y nacionales, el punto de quiebre llegó con el arresto de Nemesio Oseguera, “El Mencho”. El operativo, ejecutado con precisión quirúrgica, marcó una abrupta ruptura con la política de “abrazos, no balazos”. Asimismo, lo que siguió fue aún más inquietante: indicios de una coordinación directa entre el Comando Norte de Estados Unidos y sectores de la Secretaría de la Defensa Nacional, dejando al poder civil en una posición marginal. Las imágenes de bloqueos, incendios y violencia en al menos 20 estados consolidaron la percepción internacional de un país en guerra, justo cuando México se prepara para albergar la Copa Mundial de la FIFA 2026.

La agitación política y social lo contamina todo. Se ha destruido la confiabilidad en el Instituto Nacional Electoral. Estamos ante una regresión histórica. En paralelo, la corrupción, lejos de desaparecer, ha mutado en morenismo empoderado y cínico. El escándalo del “huachicol fiscal” apunta a redes sofisticadas que operan desde las entrañas del Estado, con la presunta complicidad de mandos civiles y militares. A esto se suman estructuras de influyentismo como la llamada “Red de Andy”, que vincula a círculos cercanos al poder con negocios multimillonarios blindados por la impunidad. El combate a la corrupción, emblema del discurso oficial, ya es algo nada creíble luego de siete años de gobierno federal guinda.

En el frente económico, los números son implacables. El crecimiento de apenas 0.8, por ciento en 2025, confirma el estancamiento. La inversión pública se ha desplomado, y el PIB per cápita retrocede casi una década. La incertidumbre jurídica, acentuada por la reforma al Poder Judicial, ha encendido las alarmas entre los socios del T-MEC. La alarma ya no es acerca de si México puede crecer; es acerca de si puede ofrecer reglas estables para hacerlo.

El sector energético sintetiza ese dilema. Bajo la conducción de Manuel Bartlett, la Comisión Federal de Electricidad enfrenta un cuello de botella estructural. Sin inversión suficiente en transmisión, el país carece de la infraestructura necesaria para capitalizar el nearshoring. El déficit fiscal, que roza el 5,7 por ciento del PIB, limita aún más la capacidad de respuesta.

En el ámbito internacional, la relación con Estados Unidos se ha degradado, peligrosamente. Con Donald Trump, al centro del poder político, se ha reactivado una retórica hostil que describe a México como el “epicentro del caos”. La cooperación bilateral ha migrado de los canales diplomáticos a los cuarteles militares, en una señal inequívoca de desconfianza. La presión, tras la muerte de agentes estadounidenses en Chihuahua, podría marcar el inicio de una etapa de intervencionismo más directo.

Pero, el dato más devastador, está en el subsuelo social: más de 130 mil desaparecidos y una violencia homicida sin precedentes. Las madres buscadoras, encabezadas por figuras como Ceci Flores, se han convertido en símbolo de una tragedia humanitaria que el Estado no logra, y al parecer no quiere, enfrentar. La indiferencia oficial contrasta con los señalamientos internacionales que ya hablan de posibles crímenes de lesa humanidad.

En este contexto, el horizonte electoral de 2027 se perfila como un punto de inflexión. Morena enfrenta fracturas internas, tensiones con sus aliados y el desgaste natural del poder. La designación anticipada de “coordinadores” para evadir los tiempos electorales y la remoción de Luisa María Alcalde de la dirección de Morena, revelan las alarmas y las estrategias que recuerdan al viejo PRI al borde de la legalidad. Así, algunos expertos consideran que más que una elección, lo que se avecina será un amplio referéndum sobre el régimen. Veremos.

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